
El
Adiestramiento en Obediencia
por Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros, 2004
He observado, en las tertulias con adiestradores, que el concepto de
adiestramiento del perro de compañía es, entre los profesionales, como el de
esa asignatura que en el lenguaje académico español, llamamos familiarmente
"María". Casi todos los aficionados se vuelven expertos a base de adiestrar en
obediencia, cualquier dueño asegura tener a su perro adiestrado y mantiene que
le obedece en todo aunque la situación sea complicada.
Escribo este artículo para tratar de convencerloa usted de que el
adiestramiento básico de Truco es como la piedra angular que soportará su
futura conducta. Es como el encuentro con el primer maestro que nos enseñó a
leer. Este símil se lo mostré a una de mis mejores alumnas cuando opinó que
hay otros adiestramientos muy complejos que son los que dignifican al buen
profesional.
El adiestramiento en obediencia es tan importante para Truco como aprender a
leer para su hijo. Tanto es así que si nuestro primer maestro no hubiese sido
un buen profesional sería muy difícil que llegásemos a la Universidad ya que
la frustración, la dejadez y el fracaso harían imposible que nuestro potencial
se mostrase.
Por otro lado, el perro es empleado en la actualidad como animal de compañía
sobre cualquier otra funcionalidad. Se calcula que un 72% de los ejemplares
que se adquieren cada año, se destinan a este menester y el 91% de los
adiestramientos llevados a cabo por profesionales contratados se hacen en esta
disciplina. Es muy difícil que se contraten los servicios de adiestradores
para formar un perro en disciplinas deportivas, civiles, de especialidades o
policiales ya que los guías de estos animales suelen ser además de dueños,
adiestradores.
La realidad actual es que casi ningún dueño de perro adiestrado en compañía,
tiene el control suficiente, sobre su animal, para evitar una situación
embarazosa cuando no de verdadero riesgo. Incluso he visto perros de un alto
nivel en su cartilla de trabajo deportivo, a los que les ha costado soltar la
manga y volver junto a su guía cuando se les ha ordenado. ¿Por qué ocurre
esto? Simplemente porque en el primer adiestramiento se han cometido fallos
que luego se han extrapolado a todas las fases posteriores de habilidades.
Piense el lector que el primer contacto con el collar de trabajo, la primera
imposición, el primer ejercicio reiterado, el cansancio y la adaptación a su
condición de alumno, exige un cambio de actitud muy costoso en nuestro buen
Truco. Para paliar en parte este "mal trago" que va a afrontar nuestro perro
nosotros, sus adiestradores, no podemos olvidarnos de factores de la
personalidad del animal que van a influir en su comportamiento futuro.
No es igual el método a aplicar a un perro duro de físico que a otro blando y
con un alto índice de percepción sensorial. Hay perros que acusan una simple
reprimenda del adiestrador y otros a los que un castigo alto les importa poco
con tal de salirse con la suya. A algunos se les puede recompensar con comida
pero otros exigen juego como consecuencia a una buena respuesta al
adiestramiento. La dependencia de un perro hacia su dueño es muy variable y
depende de sus caracteres raciales filogenéticos, de su carácter y de la
educación anterior que haya recibido de su dueño. También influyen factores
como la edad, el sexo y las experiencias anteriores.
Si a todos estos problemas unimos la dificultad en realizar un análisis
completo de su carácter, temple, tenacidad, aprendizaje súbito, intrepidez y
predisposición para el trabajo, verá el lector que adiestrar en compañía o en
obediencia no es tarea fácil y que muchos dueños han "descubierto" a su perro
el día que le han puesto un collar de trabajo y han decidido adiestrarlo. ¡Yo,
el primero!
Podemos deducir que no existen dos individuos iguales y por tanto, la
manipulación y método a seguir en el proceso de adiestramiento, deberá
ajustarse al análisis individual. Debemos tener en cuenta aquellos factores de
variabilidad que alterarán los resultados del estudio. Enfermedades,
dolencias, fases críticas del desarrollo psicofísico, hostilidades
ambientales, traumas muy recientes e incluso, instintos primarios satisfechos,
distorsionarán en menor o mayor grado, la percepción del analista.
Evidentemente, compilar todos estos factores, procesarlos y extraer el método
de adiestramiento a seguir con nuestro Truco, le parecerá a usted un trabajo
de romanos. Si aplicásemos a nuestro perro el método exacto tendríamos el
mismo éxito que el maestro que consigue que todos sus alumnos acaben los
estudios superiores. ¡Imposible tarea!
Debemos pues conformarnos con conseguir algo importantísimo en el
adiestramiento de Truco; el control sobre él. Esta tarea es relativamente
fácil para el que se empeña en conseguirla. Les aconsejo que olviden las
películas de Rintintín, las del Pastor alemán policía y las de la perrita
Lassie. Las conductas de esos animales son obra de auténticos maestros que, en
el primer día que comenzaron a adiestrar, tenían claro un concepto; el control
de su perro sería la llave de todas las etapas posteriores.
El contexto de la mecánica del primer adiestramiento es muy sencillo. Solo hay
que enseñarle al perro cuatro órdenes básicas: mantener la posición de suelo,
caminar al lado de su amo sin tirar ni retrasarse, sentarse y permanecer
quieto y, sobre todo, acudir a la llamada. Si me apura, podemos hasta suprimir
la orden de quieto si “convencemos” a Truco de que no puede cambiar de
posición si no se lo ordenamos y, aun más, la orden de ¡Suelta! puede ser
obviada si cuando lo llamamos deja lo que esté haciendo para venir rápidamente
a nuestro lado. Realmente parece fácil pero le aseguro que mantener al perro
en el suelo y sin moverse mientras entramos en una tienda a comprar el
periódico, solo tiene de fácil el referirlo.
Muchos de ustedes pensarán que con este artículo pretendo echar un jarro de
agua fría a todos los que pensaban adiestrar a su perro en compañía. Nada más
lejos de la realidad. Lo que pretendo es que no se conviertan ustedes en
adiestradores frustrados que enseñan todo a su perro mientras este sigue
haciendo lo que le da la gana.
Para que esto que les he referido no ocurra, me voy a permitir darle un
consejo; invierta todo el tiempo del mundo en enseñarle a su perro a
permanecer echado en el suelo durante el tiempo que usted considere oportuno.
Cuando haya conseguido esto, cuando usted se vaya para volver al cabo de cinco
minutos encontrando a Truco en el mismo sitio que se quedó, le puedo asegurar
que las demás órdenes le parecerán un paseo militar. Cultive, a continuación,
una llamada perfecta y, cuando lo consiga, habrá superado al 60% de los
adiestradores que se consideran profesionales. El resto es tremendamente fácil
comparado con la dificultad de obtener el control que ahora posee sobre su
buen Truco.
AUTOR
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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Asociacion para el Estudio del Perro y su Entorno