La infección puede progresar sin
dificultades a través de las membranas mucosas, tanto por vía
buconasal, conjuntival y de las mucosas genitales del macho y la hembra
canina, por lo cual su contagio puede ocurrir por vía venérea (semen),
secreciones vaginales (durante el periodo de celo, cruza y después del
aborto), contacto con tejidos fetales abortados, leche, placenta,
transfusiones sanguíneas contaminadas y orina, ya que en el macho
canino se pueden encontrar estos microorganismos alojados en la próstata
y en los epidídimos.
Su diagnóstico se debe realizar en base
al examen clínico y a otras pruebas complementarias, en donde asociadas
a un detallado historial reproductivo y de salud podemos determinar la
presencia de la enfermedad. Los signos clínicos en la mascota muchas
veces no son concluyentes de enfermedad, debido a que pueden presentar
signos clínicos comunes a otras enfermedades, por esta razón se debe
recurrir a pruebas complementarias de laboratorio, en donde las técnicas
son variadas, sin embargo se orientan en la determinación de
anticuerpos generados por el paciente en respuesta al microorganismo.
Importante señalar que no todas las técnicas son 100% concluyentes,
sin embargo una de las pruebas de mayor seguridad corresponde al cultivo
de la sangre (Hemocultivo) o el aislamiento directo del microorganismo a
partir de los tejidos abortados. Lamentablemente el cultivo de sangre
estará condicionado a la presencia en circulación sanguínea del
agente infeccioso, lo que no es constante en el tiempo (bacteremia). Un
punto clave de sospecha de enfermedad lo constituye el aborto en una
hembra canina dos semanas antes del término de la gestación.
Uno de los puntos más críticos de esta
enfermedad es tu tratamiento, ya que es bastante costoso y de éxito o
fracaso difícil de confirmar, debido a que es una bacteria que vive
dentro de las células del paciente, y durante su permanencia en la
mascota no siempre se encuentra en circulación sanguínea. Existen una
serie de protocolos únicos o mixtos de distintos antibióticos para
poder tratar esta enfermedad, pero será el clínico quien determine los
fármacos a usar para combatir esta enfermedad.
Debido a que su tratamiento es muy difícil
y costoso, toma una gran importancia su PREVENCIÓN y CONTROL en donde
hasta el día de hoy no existe una vacuna que aporte protección contra
la brucelosis canina. El tema pasa por prevenir las exposiciones de los
perros sanos con los perros infectados, quienes pueden lamentablemente
ser portadores asintomáticos o sanos de la enfermedad, por lo cual es
muy importante conocer esta enfermedad y utilizar aquellas mascotas
negativas a la infección, para así no seguir diseminando el
microorganismo. Todo aquella mascota positiva a enfermedad no debe estar
dentro de un plan reproductivo e incluso recomendamos su esterilización,
asegurando al menos que no existirá infección a través de la cruza.
Uno de los problemas médicos con que nos
enfrentamos, corresponde a los resultados falsos negativos o falsos
positivos de infección, para lo cual les recomendamos que siempre antes
de cruzar a sus mascotas conozcan el historial de las parejas, exámenes
negativos de la enfermedad (a lo menos chequear cada 6 meses) y
consultar a su Médico Veterinario, quien sin duda los orientará para
hacer un adecuado procedimiento, de acuerdo a las condiciones de sus
mascotas, siendo éstas negativas o positivas a enfermedad.
En el caso de infección humana se
sugiere precaución al tener contacto con perros positivos a Brucella
canis, en donde son muy raras las ocasiones en que ha ocurrido infección
(desde la aislamiento original) y donde la mayoría de los infectados
corresponden a operarios de criaderos no controlados higiénicamente en
donde ha sido posible una exposición repetida y masiva del agente
infeccioso, por lo cual se considera un riesgo menos en salud pública,
pero importante tenerla en cuenta.